lunes, 18 de enero de 2010

A veintidós grados

A veintidós grados
Que ocupa un espacio carísimo, lo sé,
que duele, también lo sé.
Lo percibo en cada poro cuando se desmaya
este faro pintado a franjas rojas y rojas.
Que me altera…
lo sé. Que me quema ingenuamente y sólo es tibio, lo sé.

Y aun así lo alimento
de panes de horno fino,
de fuagrás, mermeladas, almejas, solomillos y chorizo de pueblo.

Me espanta en los ocasos
y aun así le doy de beber
espumas frías, púrpura en cristales tan hermosos
como verdes tierras líquidas, como sus ojos
café y malta.

Me provoca en los amaneceres
vértigos que declinan ángulos imposibles, remotos
sin geometría que los sustente
a este lado del espacio, carísimo, lo sé
y aun así lo cubro cuando desea dormir
con mantas ligeras de cachemira, negras, profundas como el sueño
en el que maquina ocurrencias.

Lo sé
y aun así lo mantengo a veintidós grados.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Hk 3

Aprendo a verte
cuando te miro sombra
mientras no llegas.

Serena luna
en la que te reflejas
feliz durmiente.

Líquida, pura,
vives en mis arterias
el fin del sueño.

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martes, 17 de noviembre de 2009

El Reflejo. II


Ahora se va,

desdibujado en un instante largo, lento
hasta formar la nube puerta del tiempo,
y regreso con el silencio, despacio,

hasta verte aparecer sobre el espejo del pasillo
con las manos llenas de un noviembre de jazmín,
café al sol tibio y pan con aceite.

Algunos gorriones,
y tu voz creando diminutos universos en los que vivo.

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sábado, 14 de noviembre de 2009

El Reflejo

Veo en el aire cuerpos desnudos
de átomos reinventados en directa relación,
sin distancias, sin espacios.

Iridiscentes,
a la luz que sólo ilumina lo opuesto;

engendrando universos diminutos en mosaicos/ admirables
que se reflejan en el espejo del pasillo,
y yo, sentado al sol, en la penumbra de los jazmines
viajo.

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miércoles, 5 de agosto de 2009

sábado, 1 de agosto de 2009

(sonido)
















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viernes, 26 de junio de 2009

Madrid no tiene complejos

La luz cayendo al atardecer de otoño impregnaba de misterio las pocas figuras que de vez en cuando cruzaban el pequeño puente. Se detenían un momento. Algunas apoyaban los codos sobre la barandilla dejando flotar la mirada en la suave corriente de púrpuras y verdes. Detrás, un grupo de cedros del Líbano sombreaba la pradera entre los caminos con tierra de albero.

- Prefiero la naturaleza ordenada de los jardines a la simple naturaleza.
- Sí. Madrid no tiene complejos.


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