Esta duda que me mantiene en vigilia de conjeturas sin vislumbrar formas netas. Esta siempreviva infinitud, que mantiene mi edad dulce sobre la discrepancia, prende en mi la estabilidad entre los polos de horas binarias. Esta mágica noción en la que me reconozco vida de una extravagante memoria se me antoja capricho de inverosímil presencia. Yo en serena disputa permanente con la luz en la que me desgasto.
¿Qué marca el perfil de un poema? Pienso que a día de hoy los límites, si los hay, son cuando menos muy amplios en el boceto que dibuja lo que damos en llamar poema. No me atrevo yo a sacar de la cesta de los poemas ninguno que alguien haya definido como tal, aun a nuestro pesar. No se si cabe hablar de “poema absoluto”, en mi opinión actual no.
El academicismo. Tampoco diré yo que hay que acabar con lo académico. Pero, si digo que lo académico siempre va por detrás de los estímulos que pueden inducir aportaciones de nivel en la disciplina de que se trate. Otra vía de debate sería cuestionar si en una disciplina determinada -ya que no todas se rigen por los mismos parámetros de unificación- es necesaria la acumulación de las fases atravesadas en su historia para llegar al último estado. Quiero decir, ¿ha sido necesario el paso por todas las fases de la expresión pictórica para que en un momento determinado apareciera el concepto de cubismo? Pienso que no, que no es necesario un conocimiento acumulativo, sucesivo, para llegar a un estado de la forma en la pintura, y así en otras disciplinas como la poesía.
Podría poner ejemplos al respecto sobre la naturaleza de la literatura en este mismo sentido, pero he preferido esta reflexión sobre la pintura para evitar dejarme fuera, y no ser riguroso por mis limitaciones y las de este espacio, modos de literatura y concretamente modos de poética que a cualquiera de nosotros nos vendrán a la memoria en cuanto queramos analizar esto que comentamos. No obstante ¿fue necesario el modo previo de poesía del siglo XV para haber llegado a la poesía de Whitman y utilizar una versificación no usada anteriormente? ¿Hinojosa hizo poemas? Whitman apostó por una “literatura democrática” y otros aspectos nuevos desconocidos por todos hasta entonces. Cuando escribe:
“Creo que una brizna de hierba no es inferior a la jornada de los astros y que la hormiga no es menos perfecta ni lo es un grano de arena... y que el escuerzo es una obra de arte para los gustos más exigentes... y que la articulación más pequeña de mi mano es un escarnio para todas las máquinas. Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los poemas.”
seguro que colapsó muchas mentes.
Cuando Hinojosa, de tradición simbólica, se despega de su generación con “poemas en prosa” de corte surrealista, ¿está escribiendo poemas? ¿está escribiendo poesía? Siempre me ha parecido una entelequia lo de “poema en prosa” o “prosa poética”.
Abogo por el campo interminable de la creatividad, que nada la limite. Otra cosa será, problema de los taxonomistas, dónde colocar lo creado.
La consigna imperante en el éter, por encima de cualquier otra, dice: “Volvamos a la naturaleza”. En todos los casos de acción humana subyace una cláusula de estigmatización contra quienes incumplen con el respeto debido al Planeta. La realidad se manifiesta clara ante el resultado de miles de años de civilización. Aguas, atmósfera, tierras, se han visto afectadas por las manifestaciones humanas en transformación continua. Freeman Dyson, científico al que le tengo un prudente respeto y una prudente distancia, dijo hace años con respecto a los recursos disponibles en el planeta que “parece como si nos hubieran estado esperando” para poder llevar a cabo las aplicaciones mecánicas y energéticas del desarrollo. Con esta idea insinúa la mano de un creador que ha provisto la despensa para unos seres vivos que proyecta ocupen valles y montañas, ríos y mares, atmósferas y vacíos. Me resulta una concepción que, si fuera así, supondría la justificación absolutoria por tomar lo que en la despensa se nos brinda, sin procurar una restitución compensatoria, y sólo hasta dónde las posibilidades nos permitan en conciencia y conocimiento. Mi opinión es muy distinta, la especie se ha adaptado en base a lo disponible y ha dado utilidad y función generando así una visión de despensa bajo demanda según ha ido necesitando en su imaginario intelectual, respecto a lo social, lo cultural y lo emocional. Sea cual sea el misterio del origen no cabe duda de que la merma del Planeta es patente.
La tecnología es propia de la especie, desde la ingeniería del lenguaje a la física cuántica. Y, ahí, o nos paramos o admitimos sin culpabilidad el movimiento continuo. Me disgustan las imágenes que contemplan al Planeta como un “ser vivo”, las voces catastrofistas que amenazan con la respuesta del planeta a las acciones de la especie en modos apocalípticos, y, más las que pretenden generar culpabilidad causal de nuestras acciones frente a posteriores generaciones. Estas imágenes intelectuales conllevan una carga de apreciación errónea ya que asignan un fin a nuestra especie consecuencia de un viaje eterno hacia lo desconocido. Premios y castigos.
En qué momento debería la especie haber tomado conciencia de estos hechos que hoy nos preocupan al estar frente a nuestros ojos. No es una pregunta, ya que no tiene respuesta, porque está mal formulada. No hay momento cero en la conciencia de la especie más allá del momento que marca la inestabilidad en los premios y castigos, ahora no intelectuales, y sí puramente de proceso económico. Depredadores y herbívoros. La transacción ya no es tú me das yo te doy. Ya no hay equilibro suficiente para mantener en constante ascenso una economía de producción y consumo satisfactoria a todos los humanos sin contemplar un proceso de mínimos que conjugue todas las entidades de la especie sin restricción alguna. Ahora, sin remedio, los grandes depredadores deberán pedir ayuda a los herbívoros. Y, los herbívoros deberán adoptar en sus mentes una fortaleza universal con la que eludir la presión que sin duda ejercerán - y ya la están ejerciendo - los grades depredadores para crearles una conciencia estúpida en la que ellos, los herbívoros, a fin de cuentas aparecerán como los culpables de la falta de hierba. Lo peor puede amanecer como una nueva historia natural con lo salvaje domesticado a favor de lo feroz.
Yo propongo “ocupemos el planeta”, y eso sí; desarrollemos un conocimiento intenso de sus acciones, desgaste y consecuencias para tratarlo como lo que es, un sistema en continuo proceso de cambio ajeno a la voluntad humana sobre el que evidentemente esa voluntad actúa, pero, siempre además. A este sistema, planeta, le quedan unos cinco mil millones de años antes de que inicie otro proceso en el que no cuenta con nosotros. O sea, debemos superar a la naturaleza en sus ciclos de tal modo que la diferencia entre lo natural y lo artificial no sea. Un bolígrafo es tan natural para la actual generación como una brizna de hierba. Nada que sale de la creatividad del ser humano es menos natural que un átomo de carbono.
Tal vez lo más propio y vertebral de la especie sea la imaginación, el poder de abstracción sobre lo concreto hacia lo improbable, lo invisible, lo nunca sucedido. Ahora más que nunca, cuando la ciencia despliega toda su potencia a favor del equilibrio con los vértigos del desequilibro a cada lado de la senda; ahora más que nunca necesitamos de la potencia intelectual de los artistas y los poetas. De los creadores sin objetivo, de los príncipes del sueño estelar, para entusiasmarnos entre todos con la vida que viene cargada de la dramática maravilla del magma que crea y destruye.
Sobre la esfera madura apenas cansada en el giro celeste ruedan alelados como insectos inspectores de la razón con los pastores de la verdad tropezando en una liga absurda. Tozudos pretenden crear monolitos imperecederos que construyen rígidos con balcones, monolitos extremos desde los que se despeñan la razón y la verdad en vértigos de ausencia hacia las marismas de lo extraordinario. Nada puramente racional vendrá para poder atravesar los velos sutiles que no sea de la mano imprecisa de los poetas sumados al arte ciego del que saldrán fibras de la nada, duras, sin forma definidas para reclamar la vida, y de ella, su forma. Un lugar sin espacio donde en la duplicidad subsiste lo propio, lo único, lo diferente en sustancia y sentido; donde todo se duplica hacia el infinito prevalente.
Siento nostalgia de lo que no preferí por lo que no mantuve teniendo que decidir a favor de sus contrarios. Lo inesperado que no alcancé subordinado a lo convencional. Las líneas.
Hoy que clarea la noche en gris percibo mi sombra ligera, desvanecida en mi cuerpo y mi cuerpo ligero disipado de peso resuelto a vapor. Hoy quizá pueda descifrar todo lo que no elegí zafarme de lo definido, pasear riberas de afluentes que no visité.
Esta sombra de luna…
Será el indicio de lo que soy. Ser pegado al suelo. Materia entre materia dibujada en perfil que me recuerda y se antepone al soñar perpetuo.
Esta sombra de luna no me lastra hoy que clarea y me favorece a descubrir el mundo flotante entre las maravillas de lo invisible.
("alcancé" es parte del verso anterior, pero no hay forma de colocarlo bien!)
Miro como castiga el tiempo los deseos - hoy ya débil su brillo se ciega - semejantes a estrellas en combustión agostadas en latidos menores pausada ya la sangre torrente ahora sólo fuente entre luces y sombras de amaneceres y crepúsculos serenos en los que se adormecen en dilución los anhelos que fueron impacientes lidias hacia un más allá que nunca acababa, un horizonte y otro sobre la esfera en giro sublime pisando flores y aliagas ilusionado en perpetua emoción tras la novedad de un sol enigma. Amanece otoño junto al ciprés sin el delirio de las enloquecidas pupilas ausente descubro la paciencia de la materia.
Todo es nube de azares nuevos a elegir con el dedo del catálogo del mago.
Los hay de mucho aparato, explosivos, cohetes de colores con aromas de Persia; los hay venturosos y amables dispuestos en hileras, etiquetados por la mano de la bella auxiliar egipcia con hermosos jeroglíficos muy pulidos.
Hay sirenas de largas piernas con zapatos de tacón, otras de grandes ojos neutros, fríos de verde hielo que te alargan folletos de mares blancos de rocío; anuncian cereales asombrosos sobre campos de adoquín, otras cantan en silencio armonías sin patrón.
Hay enanos de dos metros que prometen oro y plástico por un precio muy barato, sumisión e ir vestido. Son simpáticos, muy vistosos, vestidos de satén.
La clave de un paraíso, abracadabra, sin serpiente ni pasión donde la lluvia moja y calienta el sol. Un conejo con chistera asegura la navegación por los ríos más azules hacia la luna y más.
Alubias mágicas, vitaminas, sobres de telepatía, el sudario del profeta, juventud de cinco lustros, almas nuevas y cápsulas de resurrección.
Frascos de maravillas, prodigiosos cosmos diminutos con peanas de ébano e instrucciones en papel. Hay un chino que recita a Homero en latín y si le escuchas, dice, comprenderás tus pensamientos.
Es difícil decidirse entre los tejuelos de plata de los libros del saber traídos de Alejandría que se leen al revés; encíclicas, epopeyas que juran ciertas por una gota de sangre que firme el colofón.
Al final me he decidido por el lingote de bronce con la estampa azul y negra del laberinto vacío.
La voz que cuelga despacio sobre la inercia del valle palabras apacibles al reposo de los tilos me habla de esencias anónimas invariables en el tiempo.
Es precisa en lo más puro, limpia, única en el tono, suave como un aceite.
Se acuesta entre mis hombros sobre el pecho, con un efecto que es tacto de vegetal apunte.
Son de ámbar las palabras, transparentes amanecen organismo sin cuerpo sistema de sustancias casi líquidas en tránsito por acequias que son caudal y cauce.
Beben, pájaros y liebres, el agua que ya es palabra y se acuestan en mi pecho, y no distingo.